Parque Grande Zaragoza |
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Imágenes del Parque Grande de Zaragoza.
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema • Jardín Botánico. Árbol del amor (invierno)Sus frutos y algunas de sus hojas aguantan, petrificados, el duro invierno zaragozano...
Acebo de PernyLa fotografía, muy navideña, corresponde al pequeño ejemplar de Ilex pernyi que crece en el Jardín Botánico.
Agracejo rojoMás rojos otoñales-invernales. Aunque en este caso vienen de serie, ya que esta especie espinosa (Berberis thumbergii) se caracteriza por el colorido rojo púrpura de sus hojas.
MadroñosEl madroño es un arbusto o arbolillo de la familia de las ericáceas que puede llegar a medir hasta 8-10 m de altura. Se mantiene verde todo el año y tiene hojas simples, en disposición alterna, en forma de hierro de lanza, con el margen finamente aserrado o casi entero. Florece en el otoño o principios del invierno, al tiempo que maduran los frutos del año anterior, de modo que se puede ver simultáneamente en flor y fruto. Sus bayas se fermentaban antaño para obtener bebidas alcohólicas o vinagre.
GallinaAl lado del estanque del Jardín Botánico. Otra fuente de huevos con destino desconocido...
Hojas rojas de otoñoLas fotografías muestran el aspecto actual de las pequeñas griñoleras (Cotoneaster horizontalis) que ya vimos hace unas semanas. La evolución hacia el rojo en el colorido de sus hojas ha sido rápida y espectacular. Este color rojo proviene de las antocianinas, pigmentos producidos por la planta únicamente durante el otoño (a diferencia de los caroténidos, generadores de los tonos amarillos o anaranjados que pueden estar presentes desde mucho antes -aunque enmascarados bajo los verdes-). Los pigmentos rojos son la respuesta que exhiben algunas especies frente a la llegada de las estaciones frías y el descenso en las horas de luz. Actúan beneficiosamente protegiendo a las células de la planta de heladas y situaciones de estrés hídrico. La producción de antocianinas ayuda así a las hojas a permanecer más tiempo en las ramas, favoreciendo la absorción adicional de energía y nutrientes antes de la llegada del invierno.
Reloj de aguaEl reloj de agua que adorna el estanque del Jardín Botánico fue diseñado por Rafael Barnola, durante muchos años Arquitecto Jefe del Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Zaragoza y auténtico impulsor de la creación de este espacio. En su ejecución colaboraron Manuel López y Santos Arjol. Construido en hierro natural, latón y porcelana, sus tres esferas marcan -cuando funciona, hecho éste, lamentablemente, no muy habitual- el paso de las horas y los minutos conforme va rodando el engranaje de una noria movida por un surtidor de agua. Aunque se instaló a comienzos de los años 1980, el autor realizó los primeros bosquejos en 1973; el toque kitsch que desprende el proyecto le confiere un atractivo adicional.
Cotoneaster horizontalisPerteneciente a la familia de las Rosáceas, y originaria de China, esta griñolera es un arbustillo caracterizado por el crecimiento de sus ramas en sentido horizontal, que les lleva a adquirir una típica forma de espina de pescado. Además de ornamentales, sus relucientes frutos rojos son en otoño e invierno un nutritivo alimento para las aves que frecuentan el Jardín Botánico.
Huevos de patoSiempre me he preguntado (uno es así, intelectualmente inquieto), qué se hace con los huevos que ponen los patos en el estanque del Jardín Botánico. ¿Jugosos revueltos?, ¿tortillas?, ¿experimentos genéticos?, ¿se venden en Mercazaragoza para, huevo a huevo, yema a yema, clara a clara, ayudar al Ayuntamiento a sufragar la renovación de su modesto mobiliario de oficina?... Si me entero de algo, se lo contaré.
HigueraLa vieja higuera del Jardín Botánico -apuntalada ahora, incapaz de soportar el peso de sus ramas- contempla el paso del tiempo en el Parque Grande desde hace más de setenta años.
CaquisEl caqui o palosanto es un árbol de hoja caduca oriundo de China y cultivado en ese país y en Japón desde hace siglos. De crecimiento lento en su juventud, puede llegar a alcanzar los 12 metros de altura si las condiciones ambientales son idóneas (el clima meditérraneo, por ejemplo, es perfectamente adecuado para su desarrollo). Sus hojas ovales verde oscuro cambian al amarillo y naranja en otoño. Desarrolla pequeñas flores crema de la que surgen frutos que, una vez maduros, ofrecen al paladar un delicioso sabor dulce y una textura peculiar. En el Jardín Botánico esos frutos crecen en ramas altas, y sólo los pájaros llegan a degustarlos.
Jabonero de la ChinaEl ejemplar del Jardín Botánico -joven aún- muestra estos días un follaje otoñal. Sus frutos, con aspecto de pequeños farolillos, lo hacen inconfundible.
Membrillero del Japón (con frutos)Algunas de las flores del membrillero del Japón que fotografiamos el invierno pasado fructificaron, y se han convertido ahora en diminutos y perfumados membrillos.
Parra virgenLa parra virgen que trepa por la verja de entrada al Jardín Botánico y que asciende por la fachada occidental del edificio de Parques y Jardines adquiere ahora, en otoño, un espectacular colorido. Sus frutos son tóxicos.
PolígonoEl polígono -de crecimiento caótico y desordenado- es una de las enredaderas más activas, capaz de colonizar la fachada de una casa en unos pocos meses. Su floración se prolonga hasta el otoño.
Un jabalí en el Jardín BotánicoLa noticia aparecía hoy en la prensa. Un jabalí, extraviado y confuso, fue localizado en el interior del Jardín Botánico ayer por la mañana. La Policia Local alertó a personal de la Guardería de Montes que lo abatió de un disparo... Aunque suene extraño, la presencia de fauna salvaje en la ciudad de Zaragoza no es inhabitual. Benjamín Sanz cita en su blog avistamientos en los últimos años de hasta una decena de especies que poca gente esperaría encontrar dentro de un ámbito urbano (conejos, erizos, garduñas, jabalíes, comadrejas, jinetas, liebres, nutrias, tejones o zorros). El Parque Grande, en particular, dada su cercanía al cauce del río Huerva o al Canal Imperial, y por su conexión inmediata con las estepas del sur de Zaragoza a través de los Pinares de Venecia, se convierte en uno de los lugares ideales para facilitar estas incursiones. La foto, tomada esta mañana, corresponde al lugar donde el jabalí fue abatido, al lado de la rampa de acceso al jardín (información proporcionada por una amable empleada del parque, que me apuntó que el ejemplar era un macho de pequeño tamaño).
GlicinaNo pudimos ver su espectacular floración en primavera a causa de las obras que afectaron al Jardín Botánico, pero contemplar el colorido de las hojas de esta trepadora, con su inacabable gama de verdes, es más que suficiente.
GranadosEl granado es originario de una región que abarca desde Irán hasta el norte del Himalaya, y fue cultivado y naturalizado en todo el Mediterráneo desde la antigüedad. Es un arbusto frutal, caducifolio, de denso ramaje y copa extendida, que llega a alcanzar los 5-8 m de altura. Fue muy apreciado en las zonas desérticas al estar protegidos sus frutos de la desecación por su piel gruesa y coriácea, lo que permitía a las caravanas transportarlos a lo largo de grandes distancias sin afectar a su conservación. En el Jardín Botánico hay ejemplares enanos formando un seto en la fachada sur del edificio de Parques y Jardines, y un granado bien desarrollado en el interior del recinto. Las dos primeras imágenes que mostramos corresponden al Punica granatum var. nana antes de padecer una de las drásticas podas a las que suele ser sometido.
Árbol de JúpiterCon origen en China, este pequeño árbol caducifolio -amante del sol, el calor y la luz- se introdujo en Europa en el siglo XVIII y, desde entonces, adorna muchos jardines gracias a su espectacular floración, que se prolonga a lo largo de todo el verano. Sus flores rosadas (agrupadas en densas panículas terminales) contrastan con las hojas simples, coriáceas y de color verde oscuro. Los frutos son diminutas cápsulas de color café.
Abeja cortadora de hojasHojas devoradas -probablemente por una abeja, la Megachile centuncularis- en un rosal del Jardín Botánico. Estas abejas aserradoras se parecen a la abeja común y producen agujeros perfectamente regulares en las hojas de rosales, aligustres, lilos, glicinas, etc. Los fragmentos cortados los utilizan en la construcción de sus nidos.
BambúesUn pequeño grupo de bambúes puede contemplarse en el Jardín Botánico junto al estanque. Originaria de la India, esta gramínea ha ofrecido a lo largo de la historia múltiples utilidades: las cañas, aunque ligeras, son muy resistentes, y se han empleado en la construcción de casas y en la fabricación de muebles, armas, instrumentos, vasijas y otros objetos; las hojas sirvieron para envolver las cajas de té que venían de la China; la corteza, en las fábricas de papel; los nudos proporcionan una especie de azúcar y, los brotes tiernos, son comestibles (que se lo digan a los osos panda...).
VidesPoco a poco, los frutos de las vides emparradas del Jardín Botánico empiezan a madurar...
Hibisco con hormigasAlimentándose en uno de los hibiscos de porte arbustivo que hay en el Jardín Botánico (hace unos días ya hablamos del único ejemplar arbóreo que hay en el jardín).
¿Plantas o rocas?Texturas casi rocosas en los troncos de estas palmeras canarias del Jardín Botánico.
ParkinsoniaUn ejemplar de Parkinsonia (o Palo Verde, como es muy gráficamente llamado en México) hay en el Jardín Botánico, y muestra ahora sus delicadas flores amarillas. Típica del continente americano, es una leguminosa arbórea de hoja caduca, con ramas numerosas y flexibles en las que crecen afiladas espinas. Curiosa es la historia de esta especie en Australia: introducida como planta ornamental a comienzos del siglo XX, su rapidísima expansión se convirtió en problema contra el que se lucha desde hace ya varias décadas.
Naranjas verdesEn estas fechas pueden verse algunos naranjos amargos del Jardín Botánico empezando a madurar. La gama de verdes que se crea en las ramas es espectacular.
IntrospecciónOca en el Jardín Botánico, esta mañana.
CampsisLas flores rojizo-anaranjadas del campsis o jazmín de Virginia, con una característica forma de embudo o de trompeta (de ahí otro de sus nombres populares: enredadera de trompeta) se desarrollan durante todo el verano, por lo que es fácil verlas compartiendo espacio en el ramaje con los frutos, unas puntiagudas vainas. El látex de esta especie irrita la piel.
BuganvillasYa las vimos secas, en invierno. En realidad, las flores de este espectacular arbusto trepador son los pequeños tubos que culminan en una estrellita amarillenta. El color magenta lo aportan las brácteas aovadas que envuelven a esas flores.
HibiscoEntre las especies actualmente en floración en el Jardín Botánico se encuentran los hibiscos, planta caducifolia de origen oriental con espectaculares flores rosa-violáceas que, al secarse, adquieren una hermosa tonalidad azul. Los pétalos de esas flores secas se utilizan en algunos países para preparar infusiones refrescantes y digestivas.
El Jardín Botánico, reabiertoTodavía en precario, pero al menos ya se puede entrar. La iluminación ornamental la comentaremos otro día...
Tamarices en florUno de los espectáculos que nos estamos perdiendo con las obras del Jardín Botánico es el de la floración de los tamarices que crecen junto a su estanque, transformados ahora en fantasmales masas blancas de aspecto muy diferente al que muestran en invierno.
VerónicasGrupo de diminutas Veronica persica (con hormiga invitada) en el Jardín Botánico.
CicasExtrañas, curiosas, vestigio de la era mesozoica, las Cycas pueblan el planeta desde hace más de 200 millones de años. Los dinosaurios se alimentaron de ellas. En el Jardín Botánico hay un pequeño ejemplar a la entrada, en la zona de las cactáceas.
AlisosTodavía sin hojas, pero ya con flores (aunque diminutas) los amentos masculinos de uno de los alisos del Jardín Botánico cuelgan con su característica forma cilíndrica, prestos a diseminar el polen. El aliso gusta de los suelos encharcados, es típico en las riberas de los ríos, y su madera es tremendamente resistente sumergida en el agua, por lo que se empleó en la edificación de ciudades tan singulares como Venecia. Da una buena sombra, que se agradece en los meses de verano.
Membrillero del JapónBajo un pino canario, próximo al muro que separa el Jardín Botánico de la Avenida de San Sebastián, se encuentra un magnífico membrillero japonés, ahora en plena floración. Este Chaenomeles pertenece a la familia de las rosáceas, y la rotundidad y belleza de sus flores lo han convertido en una apreciada especie ornamental.
ChumberasA la entrada del Jardín Botánico pueden apreciarse unos bonitos ejemplares de chumberas. Procedentes de la América tropical, y bien aclimatadas en la región mediterránea, no son frecuentes en nuestra ciudad, al ser bastante sensibles a las heladas. Se han usado desde antiguo para muchas cosas: como antidiarreico, como calmantes del dolor, como alimento para el ganado, para obtener alcohol... Sus frutos, los higos chumbos, tienen un agradable sabor dulce, aunque su cubierta de espinas y la presencia de numerosas semillas en su interior hacen que no se consuman de forma habitual. Poseen abundantes pigmentos de color rojo que pueden teñir la orina, alarmando al comedor compulsivo poco iniciado. Antaño, hasta la aparición de los colorantes sintéticos, se criaba sobre ellas la cochinilla, pequeño insecto que, una vez seco y pulverizado, servía para teñir de rojo sedas y lanas.
Buganvillas secasEn la puerta de entrada al Jardín Botánico trepan unas buganvillas que ahora, en pleno invierno, dejan ver sus brácteas ya sin color pero con un delicadísimo aspecto.
OcaLa oca del estanque del Jardín Botánico tiene bastante mala leche y el pico partido. Sus graznidos son inconfundibles. Cuando se abalanza contra las vallas, los niños huyen, los abuelos maldicen, y los gusanitos vuelan por los aires describiendo parábolas anaranjadas. Aquí la vemos en pose vigilante, bebiendo y, con perdón, cagando.
Tamarices en inviernoEnmarañados, desenfocados, flexibles, rojos, marrones, grises.
Naranjos amargosAcostumbrados como estamos en Zaragoza a la vegetación esteparia, adusta y ocre, los naranjos del Jardín Botánico son tan llamativos que parecen de atrezo.
Bancos modernistasEn el Jardín Botánico del parque hay instalados algunos de los bancos modernistas que, antaño, se emplazaron junto al Canal Imperial. Decorados con anuncios de la época, son tan vistosos como, lamentablemente, incómodos. Pero al parque se viene a andar, coño, no me sean vagos.
Sol y madroñosPor fin luce el sol. Muchas flores de los madroños del Jardín Botánico se han helado con los últimos fríos. Estas dos, no.
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